Nos es una exageración decir que hoy en Chile existen las mejores condiciones para comprar una vivienda nueva.
Hay bajas tasas de interés, subsidios y precios convenientes, con rebajas interesantes, que benefician a las personas que piensan en convertir en realidad ese viejo y anhelado sueño de la casa propia.
Recuerdo que cuando compré mi primera casa en el año 1981 tomé un crédito hipotecario a un interés del 13 por ciento anual. Si lo miramos hoy, es una barbaridad. Una tasa que en la actualidad prácticamente es impensada.
Y luego vino la crisis del 82 y 83 lo que convirtió mi deuda en algo monstruoso. Afortunadamente hubo condiciones para repactar o buscar la fórmula de servir este compromiso que se había vuelto inmanejable.
Eso, hoy, en el mercado inmobiliario nacional, no ocurre.
Estamos, entonces, frente a la posibilidad de que numerosos chilenos, de cualquier estrato social, puedan acceder a ser propietarios de un bien raíz. Inversión que, según todos los entendidos, es lo más rentable que existe en el sistema financiero.
Cuando uno se compra un auto nuevo y lo recibe, es decir lo saca de la automotora, ya perdió el 19 por ciento del IVA. Nunca más podrá recuperar. Y luego, por el uso la depreciación, el vehículo va perdiendo su valor. Basta ver cuanto le dan a uno por su auto usado cuando lo quiere cambiar.
En cambio, una vivienda siempre adquiere valor o, al menos, lo mantiene.
Por eso, no hay nada mejor que pasar un buen dieciocho en la vivienda propia. En la casa o departamento de uno, donde se disfruta de la seguridad de contar con algo que tiene valor y que se puede legar en el futuro a los hijos.
Si no aprovechamos ahora, ¿cuándo?, decía mi abuelo.